FRAGMENTO DE RELATO

Hoy os traigo un fragmento del relato incluido en: Sueños de Otro Mundo  , titulado "Las mentiras del destino"  Si queréis...

Hoy os traigo un fragmento del relato incluido en:
Sueños de Otro Mundo ,
titulado "Las mentiras del destino" 
Si queréis saber cómo sigue, no perdáis de vista esta fecha en vuestros calendarios:

19 Noviembre 2015

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Espero que os guste :)


Espera Bill —dice el señor Watson.
Me detengo ante la mesa del profesor mientras mis compañeros salen del aula mirándome de reojo y aguantando la risa. Charly me mira preocupado como diciendo:
‹‹¿Qué has hecho?›› y me encojo de hombros porque no tengo ni idea de qué he hecho mal a parte de no prestar atención, aunque eso es algo habitual en mí, suponía que los profesores ya estarían acostumbrados a eso.
Se ve que no.
Y aquí estoy, dispuesto a escuchar el sermón del señor Watson, la cháchara incesante de todos los años.
No soy ningún cerebrito, me aburro en la mayoría de asignaturas y si he llegado a segundo de bachiller es porque no se puede repetir los cursos más de dos años (o algo así). Siempre me imagino a mi mismo con cuarenta años en esta misma clase, eternamente en segundo de bachiller, pero sé que eso no es posible y cuento con poder librarme algún día de esta pesadilla.
Los profesores insisten en que no estudio porque no me da la gana y no les voy a quitar la razón. Todos coinciden en que solo me esfuerzo para la optativa ‹‹Técnicas de expresión escrita›› que elegí el año pasado y también para este curso, con la profesora Lidia.
Y no les voy a quitar la razón. Dicen mis queridos maestros que podría tener sobresalientes en todas las asignaturas si pusiese solo la mitad del interés que le pongo a esta asignatura, pero no lo puedo evitar, mi mente huye horrorizada de las ciencias y las matemáticas. A mí lo que me fascina es inventar historias y si no puedo inventarlas, leerlas. En mi ordenador tengo muchos relatos a medio terminar, mi inconstancia y pereza ni siquiera me dejan hacer lo que se supone que más disfruto haciendo: escribir. He llegado a pensar que escribir no es lo mío, que es mejor que me ponga las pilas en los estudios y a pesar de ello, no consigo hacer ni una cosa ni la otra. Tal vez la excusa a la que más recurre mi cerebro es que nadie me apoya en lo que hago y por eso no termino nunca lo que empiezo.
‹‹Excusas del inconstante››, podría ser el título de un nuevo libro de auto ayuda pero será mejor que lo escriba otro porque si lo hago yo nunca verá la luz.
Mi amigo Charly ni siquiera sabe que escribo porque no se lo he dicho, tengo miedo de que se ría de mí y conociéndolo seguro que lo hace. A mi hermana Eva hasta el vuelo de una mosca le interesa más que mis relatos, un día intenté que leyera uno y por poco lanza mi ordenador por la ventana, así de maja es ella.
Mi padre está demasiado ocupado en su puesto de director en la mayor empresa informática del pueblo, la famosa ‹‹Hadrones 3,0›› y por la cual nos mudamos de la ciudad aquí hace más de cuatro años, a algún listillo se le ocurrió que la tranquilidad de un pueblo es fantástica para instalar la sede de una multinacional. Mi madre tiene suficiente con aguantar a los niños y niñas de la guardería donde trabaja como para aguantarme a mí también.
Con este panorama, (aunque mucha de la culpa es mía, lo reconozco) he terminado convirtiéndome en un tipo de veinte años que pasa el día entre el instituto y la habitación. A veces salgo con Charly a dar una vuelta en bici, pero él se junta con otros que yo no soporto, especialmente Martin con el que termino discutiendo por cualquier tontería, así que más bien me dedico a leer libros de Stephen King (Tito King para los amigos) y ser su lector constante más fiel (para esto sí soy constante) y además juego a Minecraft en el ordenador, mi personaje Morris nunca me echa nada en cara, aunque tampoco me anima a escribir dicho sea de paso, sólo a destruir lo que otros construyen.
Apenas falta un mes para terminar el curso y que comience el verano. El pueblo se queda vacío porque la mayoría de vecinos se van a la costa a disfrutar de la playa, mi playa, sin embargo, será mi habitación como todos los años, con el aire acondicionado a tope y el ordenador echando humo con mis construcciones de Minecraft. Me pregunto porqué insisto en llevar una vida tan miserable y aburrida cuando tengo a mi alcance los recursos económicos para hacer lo que me apetezca.
Costumbre, supongo.
El señor Watson me mira por encima de las gafas desde su mesa de profesor y una sonrisa se dibuja en su rostro.
No te preocupes Bill —dice y se levanta paraa cerrar la puerta.
No estoy preocupado —respondo.
El señor Watson hace un gesto con la mano:
‹‹Ya, ya, eso dicen todos›› parece querer decir y se pone a rebuscar en su maletín. Saca un libro con unas tapas tan antiguas y llenas de polvo que es como si hubiese ido a buscarlo a la mismísima biblioteca de Alejandría.
He hablado con Lidia, tu profesora favorita —dice el señor Watson con recochineo y le da por reír, las gafas le bailan sobre la nariz.
Lo miro fijamente para que se dé cuenta del ridículo que está haciendo pero el hombre ni se inmuta.
No es mi profesora favorita —replico.
No estás preocupado, no es tu profesora favorita... —canturrea sentándose en la silla—. Te encuentro muy negativo hoy ¿eh?
Alzo las cejas restando importancia a su comentario.
¿Qué es? —pregunto señalando el libro.
Es un libro —dice y me dan ganas de ponerme a palmotear como una foca para señalar la obviedad de su respuesta. Me contengo, no estaría bien hacer eso—. No un libro cualquiera como los que siempre llevas contigo.
Gira el libro hacia mi para que lo vea mejor y le sopla esparciendo el polvo por el aire.
—‹‹Te elijo a ti›› —leo en voz alta el título—, suena interesante ¿lo es?
Puede que sí, —se levanta y pone el libro en mis manos—, puede que no. Eso depende del modo en que lo uses.
Abro el libro con cuidado de que no pierda la cubierta y el título aparece de nuevo en la segunda página; nada más, ni rastro del autor o autora, ni editorial o año de publicación, el resto de las hojas (extrañamente nuevas en comparación con las tapas) están en blanco.
Existen ciertas maravillas que no pueden ser contempladas a simple vista —dice el señor Watson por encima de mi hombro, puedo oler su aliento apestoso, una mezcla de tabaco y chicle de menta reseco. En su boca se dibuja una sonrisa que expresa cualquier cosa menos alegría—. ¿Cómo de grande es tu curiosidad Bill?
Tamborilea con los dedos encima de la mesa esperando mi respuesta y me parece todo tan surrealista que lo único que se me ocurre hacer es cerrar el libro y meterlo en la mochila.
Gracias, hasta mañana —digo y me voy hacia la puerta convencido de que el señor Watson tirará de mi mochila obligándome a observar su sonrisa macabra hasta el fin de los tiempos pero nada de eso sucede y el profesor se despide con un seco:
Adiós.
[...]

2 comentarios:

  1. si! tiene buena pinta! despierta la curiosidad. ahora me he quedao colgada! ; ) felicitats!

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  2. Muchas gracias!
    Estate atenta que pronto sale ;)

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