Nuevo fragmento: El último café

Sueños de Otro Mundo Faltan solo unos días para que el otro mundo llegue a Amazon...  Mientras tanto, aquí os dejo un nuevo fragmen...

Sueños de Otro Mundo



Faltan solo unos días para que el otro mundo llegue a Amazon... 

Mientras tanto, aquí os dejo un nuevo fragmento de uno de los relatos que forma parte del libro, titulado "El último café".
Donde nada es lo que parece... Y lo que parece, no es.
:)




¿Hay algún indicativo cerca de la calle Europa? —La emisora sonó para todas las patrullas que esa noche vigilaban el pueblo pero sólo una respondería a la llamada—. Repito, calle Europa. Informan de la llamada de una señora que dice que su marido ha desaparecido.
Aquí equipo Bravo, estamos a dos minutos de la calle Europa.
Recibido, es el número... piso tercero derecha.
Repita el numero, no se ha oído.
19. Confirmen equipo Bravo —dijo la voz en la emisora.
¡Lo sabía! —dijo emocionada Ana.
19, confirmado —dijo el conductor del coche patrulla—. Vamos para allá.
Ana lo miraba con ojos de emoción. Era su primera noche en el equipo Bravo. Ella solía trabajar en comisaría y como primera misión patrullando el pequeño pueblo de Livingstar le había tocado atender la llamada de una señora que vivía en el portal 19. ¡Oh, que demonios! Amaba su profesión y la casualidad.
Ya estás con tu locura del 19 —dijo Peter, su acompañante—. Te ha dado fuerte con el libro ese.
No lo digas como si fuese un libro cualquiera, es mucho más —respondió molesta.
Sí, sí, la Torre negra o ¿cómo era? —dijo Peter burlándose.
¡Oscura! —corrigió Ana de inmediato—. ¡La Torre Oscura!
Peter se rió. No entendía el amor que su compañera sentía por unos simples personajes de ficción aunque lo cierto es que desde que había contado lo del ‹‹número mágico›› ahora él no dejaba de ver diecinueves por todas partes.
‹‹Eso es porque ahora te fijas en ese número. Antes también estaban ahí pero tu no los veías››.
Fue la respuesta de Max, uno de sus compañeros, cuando le comentó que empezaba a ver diecinueves hasta en los sueños.
No te enfades mujer —dijo Peter cuando vio la cara de pocos amigos de Ana. Sabía lo importante que era ese libro para ella y sin embargo no podía evitar que le hiciera gracia esa obsesión—. Mira, ya hemos llegado.
Una señora los estaba esperando delante del portal 19, acompañada por otra mujer más joven. Cuando vieron que el coche patrulla se acercaba, las dos levantaron la mano con urgencia.
¡Aquí! —gritó la chica, mientras la pobre señora lloraba desconsolada.
Peter miró a Ana con una sonrisa pícara.
Ahí está tu dichoso 19.
Ella lo ignoró y bajó del coche dando un portazo.
Buenas noches señoras —dijo Ana dirigiéndose a las dos mujeres—. ¿Qué ha ocurrido?
Las dos empezaron a hablar a la vez y no se les entendía nada.
Calma señoras —dijo Peter—, de una en una. ¿Quién ha llamado?
Yo —dijo la señora más mayor—. He llamado yo, mi marido ha desaparecido y...
La mujer rompió a llorar de nuevo y la chica le pasó una mano por el hombro intentando consolarla:
Tranquila, ya está aquí la policía.
¿Es usted su hija? —preguntó Ana.
¿Quién yo? No, no, soy su vecina —contestó—. Me llamo Marta, vivo en el tercero derecha y ella en el izquierda.
Muy bien Marta, ¿puede explicarnos qué está pasando?
Ella ha venido asustada a mi casa porque no sabía que hacer, dice que su marido ha desaparecido.
Los dos policías asintieron con la cabeza. Que la señora pensaba que el marido había desaparecido estaba más que claro, ahora había que conocer los detalles de la supuesta desaparición.
La noche estaba refrescando, las temperaturas habían caído en picado y de un día para otro habían pasado de estar en un otoñó veraniego a un otoño invernal.
¿Le parece bien que subamos a su casa y allí nos cuente lo que ha ocurrido? —preguntó Peter aunque sabía que la respuesta iba a ser que si, la señora, que llevaba una fina chaquetilla, estaba tiritando.
¡Claro! —dijo enseguida.

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