Pepín y sus historias

Escribe, escribe... ¿Qué otra cosa queda? Últimamente tengo muchas ganas de escribir. Escribir a todas horas, cualquier acontecimient...

Escribe, escribe... ¿Qué otra cosa queda?


Últimamente tengo muchas ganas de escribir. Escribir a todas horas, cualquier acontecimiento, cualquier idea loca que pase por mi mente ya me entran ganas de transcribirla al papel. Es una sensación maravillosa. Será porque no dejo de escribir y cuanto más lo hago más ganas tengo. ¡Genial!

Hoy, he recuperado tres pequeñas historias que escribí allá por el año 2010 o 2011 cuando trabajaba en un bar. Las tres son historias reales, con un poco de aderezo escritoril, claro :) 
Pero ocurrieron realmente y el personaje principal también existe aunque le he cambiado el nombre. Era (y es) un señor particular y con pensamientos alocados, dispersos y repetitivos. 
A pesar de darme bastantes quebraderos de cabeza, de algún modo siempre le estaré agradecida. Es por ello, (aunque sé que no lo leerá), que le dedico esta entrada con sus tres pequeñas historias.

¡Ay Pepín!



PEPÍN Y LOS PERIÓDICOS DE PLÁSTICO





Antes de empezar a narrar esta historia, quisiera decir que los periódicos que habitualmente leo suelen ser de papel. ¡No, por  si acaso!
Voy a relatar un suceso que aconteció en la tarde de ayer. Parecía un día como otro cualquiera, sin ninguna novedad a la vista, sin embargo, al final acabé aprendiendo una gran lección de vida: nada es lo que parece a simple vista.
Todo empezó sin saber muy bien como, cuando salió a relucir un tema que me dejó patidifusa y sorprendida.
-Mira este periódico -dijo Pepín cogiendo uno que estaba en la barra. Un periódico corriente. De papel, claro-. Si le echas agua encima le resbala, lo sacudes un poco y ¡hala! el agua ya no está.
-¿Qué dices? -pregunté asustada-. Eso es papel Pepín...
-¿Qué va a ser papel? -gritó-. ¡Es plástico!
-Bueno, bueno... -En ese momento creí que mi cabeza se había desprendido de mi cuello y rodaba libre por alguna parte del bar; no comprendía a Pepín y sus periódicos de ¿plástico?-. Los periódicos no son de plástico, sino de papel.
-¿Qué van a ser de papel?  Lo vamos a dejar ahí, no quiero discutir por tonterías -dijo Pepín enfadado y enrojecido, tal era su convicción de que los periódicos no podían ser de papel-. Si no me crees pues haz la prueba, échale agua y ya verás, el cartón si que la absorbe y se estropea, pero esto ¡es plástico! -Agitó el periódico delante de mí por si no me quedaba claro.
-Vale, vale -dije por decir algo-. Es plástico sí.
-Claro -dijo Pepín ahora contento porque le había dado la razón.
-¿Entonces esto qué es? -dije señalando una botella de agua de plástico.
No me contestó, él seguía con sus teorías sobre el plástico y el cartón. Tras lo cual el tema derivó en que su camisa estaba hecha de tela de paraguas, con lo que, ya podía llover a mares que jamás se mojaría.
-¿Es cómo un chuvasquero entonces? -pregunté.
-¡Qué va! Lo del chuvasquero es puliterano... O algo así, esto es como la tela de un paraguas he dicho -dijo tocando la tela.
Y yo por más que miraba la camisa, solo veía una camisa corriente y moliente, de las de toda la vida, vaya.
Al final llegué a la conclusión de que Pepín tenía razón. El periódico era de plástico y la camisa de tela de paraguas aunque yo no pudiese verlo.
Nada es lo que parece y lo que parece no es. ¡Ay Pepín! Que gran sabio.



PEPÍN Y LA LIBERTAD DE OMISIÓN



Estaba Pepín enfrascado en una cruel disputa debatiendo con otro personaje llamado Saban. No sé de que estaban hablando exactamente, a veces es mejor evadirse de determinadas conversaciones. En fin, Serafín.
El caso es que los dos son iguales de tozudos y cabezones, entonces no se acababan de poner de acuerdo.
Por fin Saban dijo:
-Yo digo lo que me da la gana, para eso esta el derecho de... ¿Cómo era? La libertad de... ¡Boh! ¿Cómo se dice? -me preguntó.
-¿Eh? ¿Libertad de expresión? -aventuré sin saber muy bien a qué se refería.
-Eso, eso... Pues yo tengo libertad de expresión y digo lo que quiero -sentenció Saban pero Pepín es un hueso duro de roer.
-Perdonad que os diga -dijo Pepín riendo-, pero no se dice libertad de expresión, sino libertad de omisión.
Saban no escuchó esto último y dando por terminada la discusión , se fue a echar unas monedas en una máquina que habla con acento cubano: ¡Sabrosura!
Yo me evadí también con los cánticos de la tragaperras, porque a veces, no sirve de nada decir nada, valga la redundancia.
¡Ay Pepín!


PEPÍN Y LA PIZZA DE SOPA Y LA PIZZA DE SOPA Y PEPÍN


Resulta que estaba un día Pepín narrando sus historias y de pronto y sin previo aviso:
-¿Probaste alguna vez la pizza de sopa?
Y yo pensé:
"Ahí va otra vez a contarme la anécdota de la pizza de sopa". 
Era como la quinta o sexta vez que me lo contaba, sin embargo, y quizás por el brillo de ilusión en sus cansados ojos, respondí:
-¡Qué me dices! ¡Pizza de sopa! -mi voz sonaba con un deje de retintín pero él no se dio cuenta.
-¡Sí, sí! -dijo sonriente-. Resulta que en un viaje que hice a Suiza, entramos en una pizzería y ¿a qué no sabes lo que había?
-¿Pizza? -pregunté sarcástica.
-Pizza de sopa -sentenció alegremente- ¡De sopa!
-¿Estaba buena?
-La verdad es que tenía sabor a queso, la sopa ni se notaba -dijo mirando hacia arriba-. Una pizza de sopa que no sabe a sopa ¡A quién se lo cuentes no te cree!
Ahí es cuando la desilusión se apoderaba de Pepín. Él que había creído que una pizza de sopa tendría que saber a sopa y resulta que nada de eso.
-Pero la sopa estaría cocida ¿no? -pregunté como ya había hecho en muchas ocasiones.
-¡Vaya pregunta! ¡Pues claro! ¡No iba a estar cruda!
-¡Ah, qué cosas! Una vez un  niño me preguntó si tenía pizza de pepinillos y es lo más extraño que me han pedido nunca. 
-De pepinillos tampoco es tan raro pero ¡de sopa! Eso nunca se vio.
Y así siguió Pepín contando sus inigualables aventuras, en las que él, por supuesto, es el protagonista.
Siempre cuenta la historia de la pizza de sopa y todas las veces que lo hace dejo que la repita sin decirle que ya me la ha contado, aún cuando ya me la sé de memoria.
A veces añade protagonistas, otras los quita, pero así es Pepín...
¡Ay Pepín!

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