Tras la pantalla

Nuevo fragmento de Sueños de Otro mundo   Aquí os dejo un nuevo fragmento de uno de los relatos que forman parte de "Sueños de Otr...

Nuevo fragmento de Sueños de Otro mundo 


Aquí os dejo un nuevo fragmento de uno de los relatos que forman parte de "Sueños de Otro Mundo" (próximamente en Amazon, no lo olvidéis ^.^ ).

En este caso, se trata del relato <<Tras la pantalla>> donde el querido Steve tendrá que hacer frente a unos sucesos un tanto extraños. 
(Aviso a navegantes: Steve es un poco mal hablado pero no se lo tengáis en cuenta).

Recordad, que si queréis saber como sigue este y los otros relatos, solo tenéis que esperar unos días. En cuanto esté preparado, os avisaré.

Manteneos en sintonia :)






"La maldita televisión insiste una y otra vez en que compre un ahuyentador de mosquitos y es cierto que no le vendría mal a mi asquerosa casa, pero ¡hombre! yo decidiré cuando comprar el cacharro ese de los demonios, que además vete a saber si funciona o es todo un engaño. Me pregunto porqué aún estoy viendo el dichoso anuncio si debe ser la cuarta vez que lo repiten.
Puto mongolo —me digo a mi mismo.
Son las dos de la madrugada de un viernes cualquiera y estoy dudando entre irme a dormir o seguir viendo la teletienda mientras bebo cerveza como si no hubiese un mañana. Dormir es igual de improductivo que ver la televisión a estas horas, con la diferencia de que al menos ver la tele me entretiene y la cama me recuerda la temida soledad.
Me imagino a mi mismo tumbado en la oscuridad de mi habitación con los ojos abiertos de par en par, incapaz de cerrarlos porque si lo hago aparecen los fantasmas en mi mente recordándome lo absurda y miserable que es mi vida.
La rutina del día a día se ha convertido en una enfermedad. Levantarme, ir a la oficina a hacer facturas que no me interesan, ver a compañeros que me odian y a los que odio; comer, volver a la asquerosa silla del trabajo que está consiguiendo que me vuelva un gordo seboso.
Facturas, facturas, cigarrillo, facturas, facturas, cigarrillo, facturas; de vez en cuando atender la llamada de algún tocapelotas.
El dinero no me satisface, me da igual que mi nómina sea alta, esto no es lo que esperaba de mí cuando tenía veinte años. Ahora, con casi cuarenta y cinco soy la porquería más grande que nadie podría imaginar llegar a ser. Sé que hay gente peor, como el rastrero de mi jefe, barrigudo y con problemas conyugales, pero al menos tiene una esposa a la que agarrarse en las frías noches, dos amantes y una empresa de venta de ruedas más o menos próspera.
Después del duro día en la oficina llego a casa a las ocho de la tarde, momento en el que meto la pizza congelada al microondas, espero tres minutos, me tiro en el sofá y empiezan las horas más alegres del día, comiendo como un cerdo feliz y bebiendo cerveza hasta sentir como la cabeza me estalla.
Hoy ni la cerveza consigue apartar de mi pensamiento la vida de mierda que llevo y que ni siquiera intento cambiar. ¿Para qué? Seguro que iría a peor.
Iré a dormir para empezar mañana un día lleno de estúpidas emociones. Sábado. El día clave. El día en que me afeito y corto el pelo en la peluquería de Daniel, es lo único que parece mantenerme atado al mundo real como si pasarme la navaja por el cuello me recordase que sigo vivo ¡coño!
Si por mi fuese, dejaría que el pelo y la barba me llegase hasta los huevos pero mi madre me llama cada sábado para asegurarse de que he ido a la peluquería. ¿Qué le importa a esa vieja desgraciada? 
Su llamada en lugar de alegrarme lo único que consigue es empeorar todo ¿Por qué no se muere de una vez y me libra de su estupidez galopante? Mi padre se fugó con una sueca y bien que hizo".



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