Ventanilla macabra

Relato Corto. Terror. Mientras sigo con los preparativos de Sueños de Otro Mundo, me divierto un rato escribiendo una mini-historia que h...

Relato Corto. Terror.

Mientras sigo con los preparativos de Sueños de Otro Mundo, me divierto un rato escribiendo una mini-historia que hace tiempo escribí intentando asustar a alguien. Aunque no era así en su versión original sino mucho más corta. 





<<Todo empezó por culpa la lluvia de aquella noche. Llevaba veinte días con la ventanilla del coche estropeada. No subía, ni bajaba. Se había quedado atascada justo en el medio y aún por encima era la de mi lado, la del conductor. Bien podría haber sido la del acompañante o una de la parte trasera y puede que tal vez no hubiese ocurrido nada de lo que pasó después.

Nunca encontraba un momento para arreglar la dichosa ventanilla. Era verano y hacía calor por lo que la mayor parte del tiempo estaba bien que la ventanilla estuviese estropeada, al menos hasta aquella noche de lluvia torrencial. 

Venía del trabajo conduciendo por la autovía y de repente sin venir a cuento se puso a llover como si fuese el día del juicio final. ¡Qué manera de llover! Era increíble, en pocos minutos me empapé por completo por culpa de la maldita ventanilla estropeada. O más bien por mi culpa por no haberla arreglado antes.

Al día siguiente fui al taller de Marcus dispuesto a dejar el coche allí y tomar el autobús para llegar al trabajo pero gracias a mi mala suerte, resultó que el taller estaba cerrado porque Marcus se había roto una pierna el día anterior. ¡Qué casualidad!

Recordé entonces, que de camino  al trabajo había un taller "Reparo Todo" se llamaba y decidí que por cambiar una vez de mecánico en toda la vida tampoco iba a pasar nada. ¡Ah, craso error! Los cambios no  siempre son buenos. 

Dejé allí el coche y uno de los empleados se ofreció a llevarme al trabajo y venir a recogerme al terminar mi jornada, que la ventanilla ya estaría lista para entonces. Le dije que no era necesario, que podía llamar a un taxi, pero el chico insistió.

—Es lo mínimo que podemos hacer por nuestros clientes —dijo.

Y desde aquel día, la nueva ventanilla no ha dejado de decirme que debo hacer algo horrible. Dice que es mi cometido en la vida y que no puedo evitar hacerlo. Cualquiera diría que estoy loco por hablar con una ventana inerte pero ella está viva y me ha prometido el oro y el moro si hago lo que me pide. 

Así que, aquí estoy. En el coche, con un mapa de la ciudad en el regazo y esperando que salga la víctima perfecta. Según mi amiga la ventanilla, la primera persona afectada debería ser alguien ni muy joven ni muy viejo, por lo que he venido a McDonals recordando al tipo seboso que me atendió un día de mala manera. Debe tener unos cuarenta y tantos como yo. Una víctima óptima. Solo espero que no me reconozca y el plan se vaya al garete.

Por allí viene con su barriga bamboleante. He aparcado de manera que pueda verme cuando cruce la calle. Viene directo hacia mí.

—¡Disculpe! —grito para que pueda oírme y el tipo se señala a sí mismo.

—¿Yo? —pregunta acercándose, ya está pegado al coche.

—A ver si puede ayudarme buen hombre —digo ocultando mi rostro bajo la gorra que llevo puesta—. 

Estoy intentando llegar aquí —señalo un punto en el mapa— y no hay manera.

El gordo se ríe y me alegro de haberle elegido a él como primera víctima. Es muy odioso.

—Tienes el mapa del revés hombre —dice metiendo la mano dentro del coche para colocar el mapa.

La ventanilla se sube un poco pero no demasiado, no es el brazo el botín que quiere llevarse la condenada.

Hago el tonto y me río acompañando su risa de hiena.

—¡Vaya, qué tonto soy! ¿Verdad? —pregunto.

—Un poco sí —dice todo convencido mientras sigue con su risa.

—¿Puedes señalarme bien la carretera por donde he de ir?

Su brazo es tan corto como rechoncho y casi tiene que meter la cabeza dentro del coche para poder señalar bien en el mapa. Yo se lo aparto hacia la derecha con disimulo para que se meta más y más dentro. 

La ventanilla empieza a subir lentamente y el tipo no se entera, sigue entregado a darme instrucciones que ni siquiera estoy escuchando, solo quiero ver como se desenvuelve mi amiguita.

De pronto la ventanilla sube con un golpe seco y la cabeza del seboso cae rodando entre el mapa y mis piernas. El cuerpo se cae como en cámara lenta hacia la carretera y veo como alguien que en ese momento sale del McDonalds se pone a gritar. Es un grito genuino donde lo haya.

Cojo la cabeza del fulano por los pocos pelos que le quedan en la cabeza y la sacudo en el aire riéndome, parece que ahora a él ya se le han quitado las ganas de reír>>



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   Ventanilla Macabra (Relato Corto) - (c) - Mónilka Feren

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