Tejiendo nuevos relatos

"El arte de la escritura es una tarea lenta, pero reconfortante. Cuánto más escribes más aprendes y cuánto más aprendes más escribes&q...

"El arte de la escritura es una tarea lenta, pero reconfortante. Cuánto más escribes más aprendes y cuánto más aprendes más escribes"




Ante todo ¡Feliz 2016! Espero que hayáis pasado unas buenas fiestas navideñas en compañía de quien mejor os haya parecido :)

No creáis que me he olvidado del blog, es solo que he estado tejiendo. ¿Has estado tejiendo? ¿Y qué has tejido? ¿Sueños? ¿Esperanza? ¿Alegría? Os preguntaréis... Pues sí, un poco de todo eso, aunque más que tejer, he hilado y tirando de los diferentes hilos de los relatos de Sueños de Otro Mundo y como ya os había dicho en alguna ocasión, ellos aún tienen muchas historias que contaros. Pero, además de las "continuaciones" de dichos relatos, en la segunda parte de Sueños de Otro Mundo también encontrarás dos relatos nuevos. De uno de ellos ya he hecho un mini adelanto en mi página en FB que si aún no sabéis cuál es, aquí os dejo el enlace: Página en Face y es de ese relato del que os quiero seguir contando más... 

"Desaparecido" se titula, al menos de momento... Aquí os dejo pues la primera toma de contacto con el relato, espero que os guste :)





1.


Un día leí que cada año desaparecen en el mundo más de diez millones de personas... ¿Adónde van? ¿Siguen vivos? ¿Trascienden a otro plano? Eran preguntas estúpidas y sin respuesta que me hacía a mí mismo, siempre fascinado con las desapariciones, pero ahora ya sé dónde están todas esas personas que han desaparecido sin dejar rastro. Las he visto con mis propios ojos y todas ellas han fallado en su misión.
Es natural en el ser humano buscar una explicación lógica para una desaparición extraña, se necesita calmar la ansiedad con teorías que proporcionen tranquilidad a nuestra mente. ‹‹Ha muerto›› o ‹‹Se ha ido por propia voluntad›› son dos de las razones que suelen darse para justificar una desaparición extraordinaria, pero ¿cómo explicar que de un día para el otro mi cuerpo haya abandonado la dimensión en la que vivimos? ¿Cómo decir que de algún modo he viajado a otro lugar y además he podido regresar para contarlo? ¿Quién creería semejante locura?
Hoy se cumplen cuatro años de mi desaparición pero en mi interior apenas han transcurrido un par de horas, tal vez más, imposibles de calcular en el sitio en el que he estado. El día que desaparecí era 19 de Octubre del año 2004 y hoy es el mismo día pero de 2008. ¿Cómo he podido saltar de esta manera en el tiempo sin apenas haberme percatado?
He buscado información en internet sobre mi desaparición y en todas partes aparece una fotografía de mi cara sonriente, como si nada hubiese pasado, como si estuviese posando para un calendario benéfico. No sé a quien demonios se le habrá ocurrido que esa imagen es buena para buscarme, seguramente a mi hermano que siempre ve lo positivo hasta dentro de la mayor de las oscuridades. He encontrado centenares de titulares en el periódico local, entrevistas a mis compañeros de clase, búsquedas policiales, especulaciones de todo tipo: desde un rapto por parte de la mafia italiana hasta una abducción extraterrestre. En una de las últimas noticias que he visto salía mi hermano diciendo que jamás perderían la esperanza de encontrarme.
Ahora, sentado en mi escritorio, con el ordenador delante y escribiendo estas palabras, puedo imaginarme el tormento por el que han tenido que pasar mi hermano, mi madre y quizás alguno de mis amigos. La incertidumbre es mucho peor que la certeza, al menos si hubiesen encontrado mi cuerpo podrían haberse despedido de mí y dejarme partir, pero ¿cómo iban a encontrarlo si ni siquiera estaba aquí?
He llegado a casa hace menos de media hora y he buscado por toda la casa a mi madre y mi hermano, en mi mente como he dicho, la sensación era que habían transcurrido unas horas pero ahora que sé que han pasado cuatro años a saber que ha sido de mi madre, tal vez ya no esté viva, al fin y al cabo estaba enferma cuando "me fui". Tendré que esperar a que mi hermano regrese.
"¿Por qué no lo llamas?" pregunta una voz en mi cabeza.
Sí, ¿por qué no? Pues porque por algún motivo soy incapaz de levantarme de la silla giratoria de mi habitación para ir a buscar el teléfono al salón, ya que mi móvil ha desaparecido, tal como lo hice yo supuestamente. No sé que me está pasando, lo mejor será que escriba cuanto antes todo lo que me ha pasado.
He aparecido justo en el punto exacto donde me desvanecí aquella mañana de octubre. Eran las ocho y cuarenta minutos, el instituto está a un paso de mi casa y solo tengo que cruzar la calle para llegar a la verja que lo rodea. Crucé por el paso de peatones que está a cien metros del portal de mi casa y cuando lo hice, sentí que mis pies se quedaban pegados al asfalto, como si un calor infernal hubiese derretido el alquitrán y mis zapatillas fuesen atrapadas en su negrura. Me quedé horrorizado imaginando que un coche o un camión me iba a atropellar sin remedio. Allí moriría pues, mi cuerpo joven hecho trizas en un instante. Pero nada de eso ocurrió. Cerré los ojos y simplemente me fui a otro lugar. Así de simple, no encuentro explicación para lo que vi a continuación ni en los minutos que siguieron a mi desaparición, solo sé que lo viví.
Cuando abrí los ojos la sensación de miedo por un posible atropello se desvaneció enseguida. Un campo de amapolas rojas me recibió "al otro lado" y una extraña calma se apoderó de mi cuerpo. El sol brillaba esplendoroso en lo alto como si ya fuese un mediodía de verano. Eso pensé en aquel momento, pero pronto descubrí que el tiempo no existía allí tal y como lo conocemos, no en ese lugar. La calma dio paso al terror de nuevo cuando vi surgir de entre las amapolas a una multitud de cucarachas que corrían hacia mí, escapando de algo que yo no podía ver. Me parecía escuchar una música distante aunque tal vez solo era el ruido de las cucarachas al pasar entre las flores. ¡Eran tantas!
Me quedé muy quieto observando como las cucarachas subían por mis piernas. La mayoría de ellas pasaban de largo y otras escalaban como si nada por mis pantalones para después volver a bajar, solo las más grandes se quedaban y pronto me encontré recubierto de ellas. Oía el crujir de las patas sobre mi piel y las sentía pesadas como una manta de acero. El simple recuerdo hace que vuelva a picarme todo el cuerpo y me sacudo en la silla como un perro que acaba de salir del agua.
Creo que alguien ha entrado en casa.
Me levanto de la silla, ahora sin dificultad, no como cuando quería ir a por el teléfono y voy a ver quien es.


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